Relaciones de pareja sanas: el modelo Adulto


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En un anterior artículo ya hablábamos del modelo de la media naranja para referirnos a una dinámica de relación en pareja, en la que se establecían una serie de expectativas y de actitudes con respecto al otro, qué fácilmente darían lugar a situaciones de malestar y a una posible ruptura del vínculo.

En esta ocasión, vamos a hablar del modelo adulto cómo referencia para establecer unas bases que nos ayuden a vivir una relación sana de pareja.

Desde este modelo se considera el vínculo sentimental como la unión de dos personas adultas e iguales que se relacionan entre sí para cooperar y repartir en lo que tienen de común y respetarse en lo que son diferentes.

En este modelo no habrá desajustes ni deterioro en la relación ya que los comportamientos del otro serán aceptados y asumidos como características propias. No se interpretarán las diferencias como ausencia de amor o desinterés hacia el otro, sino que habrá un respeto y una aceptación de esa diferencia individual.

La característica fundamental de una buena relación de pareja y por tanto, de este modelo, es la capacidad de resolver conflictos de forma satisfactoria para ambos. De esta manera, la negociación no se convertirá en una lucha de poder en la que podamos sentir que perdemos, sino que nos orientaremos a trabajar con la idea de cooperación y compromiso.

Los dos miembros de la pareja podrán obtener aquello que quieren, si se esfuerzan en estar abiertos a posibles cambios, como respuesta a las necesidades del otro.
Teniendo en cuenta lo anterior, la disponibilidad para cambiar, con el objeto de ser más flexible y hacer más feliz a mi pareja, se fundamentará en un beneficio a largo plazo en la relación, más que en valorar el coste que nos supone ese cambio.

Cualquier problema que tenga una pareja, tendrá implicaciones para ambos miembros, por lo tanto es necesario que sea considerado como algo mutuo, por lo que, como hablamos, la colaboración es fundamental.

A lo largo de la historia el concepto y las condiciones de la unión en pareja ha evolucionando, siendo en la actualidad, en la sociedad occidental, la única condición necesaria, el querer estar con otra persona.
Lograr la estabilidad en este tipo de relaciones es un trabajo activo que no viene garantizado por el hecho de haber establecido el vínculo y donde la voluntariedad por cuidar ese vínculo será fundamental.

En las relaciones de pareja podemos distinguir varias fases que se atraviesan y que es interesante conocer, ya que de forma natural, estaremos orientados a pasar por múltiples momentos de crisis.
En estos momentos, tendremos una oportunidad de valorar aquellas crisis como algo irresoluble o como una oportunidad de cambio positivo, en la cual somos protagonistas.

Esta fases son las siguientes:

  • Fase de enamoramiento
  • Fase de estabilidad
  • Fase de convivencia
  • Nacimiento de los hijos

Tendremos en cuenta también, el concepto de interdependencia, en el sentido de que un miembro de la pareja depende del otro tanto, como este último del primero, sin que esto tenga que ser una condición limitante.

Por último, los principios básicos que valoraremos para hacer que este modelo adulto funcione serán:

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  • Deslinde: cuando dos personas establecen una relación voluntaria, asumen que dicha relación tiene prioridad ante otras (amigos, familia, trabajo) a excepción de uno mismo. La pareja es voluntaria. Se escoge con el objetivo de vivir una relación positiva y satisfactoria para ambas partes.
  • Prioridad pero no exclusividad: la relación de pareja no se establecerá en un marco que impida poder relacionarnos y atender a otras personas importantes para nosotros.
  • Flexibilidad de roles: una pareja irá pasando por situaciones concretas y en cada una de ellas, los miembros de la pareja irán adoptando un rol, de tal forma que los roles sean complementarios. Nos iremos adaptando el uno al otro en función de las situaciones.
  • Igualdad de valor: los dos miembros de la pareja valen lo mismo. Cada persona tiene un valor intrínseco, igual al resto de las personas, por el simple hecho de estar vivos. Cuando se comparte, se vive con amor y se afianza el vínculo. Sin embargo, cuando algo no se comparte es necesario vivirlo con respeto y valorar esa diferencia.

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