¿Cómo enfrentas tus objetivos?


La forma en la que enfrentamos nuestros objetivos, aquello que queremos hacer y conseguir, es fundamental, ya que influye en cómo vamos a vivir el proceso hasta que lleguemos a nuestra meta. Nuestra actitud va a influir en nuestra vivencia emocional, en nuestra constancia, nuestra motivación, etc.

Por ello, vamos a ver dos formas principales en las que nos situamos a la hora de ponernos en marcha.

Vamos a imaginar que este año quiero mantener el propósito de ir al gimnasio de forma regular. Quiero hacer deporte, quiero compartirlo con mis amistades y sobre todo, quiero ser constante. Para ello, puedo aproximarme a este objetivo desde la exigencia, la presión y/o la obligación o desde una actitud en la que considero ese propósito como un reto.

Es muy frecuente posicionarnos desde la exigencia. Nos decimos, “venga, tengo que entrenar todos los días. No puedo faltar al gimnasio.” o “Tengo que ir como mínimo 4 días a la semana”.

Cuando me situó así ante un objetivo, inicialmente voy a empezar con mucha fuerza, con muchas ganas. Las primeras semanas iré todos los días que me he propuesto, sintiendo que estoy cumpliendo con mi palabra. Pero, ¿Qué pasa con esta forma de enfrentar lo que deseo?, ¿Qué tiene de “malo”?

Piénsalo..

Cuando te has propuesto hacer algo y por las circunstancias que sean, no lo haces, ¿Que emoción es la que aparece?.

Aparecerá la culpa. El “deberías haberte organizado mejor”, “esta semana no has ido, tienes que organizarte”, “esto no puede ser”. Aparecerá también la critica, la evaluación negativa y la búsqueda de razones por las que no has hecho lo que te habías marcado. Entramos en la dinámica de obligarnos. Ir al gimnasio no se asocia totalmente a la sensación de diversión, placer, disfrute. Si no, que me impongo ir, y si no lo consigo, me sentiré mal. Y no sólo eso. Si consigo mantener mis objetivos semanales, lo viviré positivamente, pero esa sensación no será plena. Habrá también una sensación de alivio, viviremos el logro como “uf, menos mal que esta semana he podido ir al gimnasio”. No disfrutaremos plenamente del proceso.

Esta forma de exigirnos para conseguir algo, además de activar la culpa, la presión, la crítica, influye en que nos sintamos más ansiosos, más tristes, si no conseguimos mantener nuestro objetivo. Es un proceso que inicialmente nos ayuda a conseguir buenos resultados, pero que nos va desgastando debido a esa exigencia. Incluso puede hacer que abandonemos nuestro compromiso personal, con ideas tipo “no soy capaz de organizarme”, “no tengo constancia” “para qué voy a seguir apuntada al gimnasio, si no soy capaz de ir los días que quiero”, que nos llevarán a posponer o abandonar el proyecto.

Naranjo del Bulmes, 2016Sin embargo, si me oriento desde el concepto de reto, mi proceso será diferente. ¿Verdad que si me digo, “Venga, a ver si esta semana soy capaz de ir al gimnasio el martes y el jueves”, tendré otra sensación?

Cuando me pongo retos, sin exigencia, el mismo proceso ya es motivador. De la misma forma sabemos que ir esos dos días al gimnasio va a requerir organización y esfuerzo, pero lo gestionaremos de otra manera. Asumiendo que ese esfuerzo es necesario, siendo por tanto más llevadero. Si yo me propongo algo y lo consigo, la sensación que tendré va a ser plena de felicidad, motivación, capacidad, autoestima..Lo voy a disfrutar mucho más.

Me voy a sentir bien y voy a querer seguir avanzando.

Desde este enfoque además, si resulta que el reto que me he propuesto, es exigente y me cuesta alcanzarlo (ir 4 días a la semana al gimnasio), no lo viviré tanto desde la critica y el “no soy capaz”, si no que me será más fácil adaptar las condiciones a mi situación personal. Me diré “igual 4 días es mucho, voy a intentar ir dos, a ver si lo consigo”. La critica, la evaluación, no aparecerán o al menos lo harán con menos intensidad. Me estaré permitiendo “fallar” y adaptar el plan a mis necesidades, con lo cual garantizaré el mantenimiento de mi objetivo, reduciendo la probabilidad de abandono.

Si te fijas, enfrentamos muchos objetivos desde la exigencia, y casi no utilizamos el concepto reto. Ahora que conoces las consecuencias de ambas actitudes, te animo, siempre que puedas, a que enfrentes cada proyecto personal desde el reto, y lo disfrutes. Poco a poco, valorando nuestras capacidades, adaptando las metas, con motivación, y disfrutando del proceso, se puede alcanzar la montaña más alta.

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