Deja secar la ira

Deja secar la ira
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dress-1463123_1280Maria se puso muy feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.

Al día siguiente, Julia, su amiga, vino bien temprano a invitarla a jugar. Maria no podía, pues saldría con su madre aquella mañana.

Julia entonces pidió a Maria que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga accedió, haciendo hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Maria se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.

Llorando y muy molesta, Maria se desahogó con su madre ¿Ves mamá lo que hizo Julia conmigo?, le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.

Totalmente descontrolada, Maria quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:

Hija, ¿Te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo blanco y un coche que pasaba te salpicó de barro tu ropa?

Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuela no te dejó ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela?

-Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar.

– Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.-

Maria no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver la televisión.

Un rato después sonó el timbre de la puerta. Era Julia, con una caja en las manos, sin más preámbulo ella dijo:

Maria, ¿Recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta? Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.

Cuando se lo conté a mi madre, ella preocupada me llevó a comprar otro igual, para ti.

-¡Espero que no estés enfadada conmigo, no fue mi culpa!

-¡No hay problema!, dijo Maria, ¡Mi ira ya se secó!

Y dando un fuerte abrazo en su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de barro.

¿Qué te ha parecido este relato?

Intenta no reaccionar mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil. Acuérdate siempre: Deja la ira secar.

psicologa-jana-betere-moreno

Soy licenciada en Psicología Clínica desde el año 2006. Cuento con una amplia trayectoria profesional en la práctica de la psicología clínica.

Soy experta en la terapia cognitivo conductual, especialmente en trastornos de ansiedad, estrés y autoestima.

Mi contínua formación me ha llevado al aprendizaje y aplicación de herramientas de diversas orientaciones psicológicas, con las que puedo ayudarte a manejar emociones, creencias y comportamientos, de una forma adaptada a tus necesidades.

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