¿Por qué se mantiene la procrastinación?

Ya vimos en el post ¿Mejor para mañana? el conjunto de factores que daban lugar a este tipo de comportamiento.

Veíamos como las características de la tarea, nuestra actitud hacía ellas y nuestros miedos, favorecía la procrastinación.

Hoy vamos a ver, por qué, siendo conscientes de que no nos ayuda procrastinar, seguimos con esta practica. Fundamentalmente procrastinar se mantiene en nuestro repertorio de hábitos porque a corto plazo es gratificante. Nos ayuda a evitar aquello que nos desagrada.

Todo hábito se instaura porque viene seguido de una gratificación inmediata, un refuerzo, un premio. En este caso, este hábito nos permite, entre otras situaciones:

Liberarnos temporalmente del estrés. La tensión se reduce porque nos aleja de algo amenazante o doloroso.

Reducir el miedo a ser juzgado, al posponer el momento del juicio.

Alargar el proceso (decisiones, proyectos, fechas límite) hasta que sea asumido por otra persona y evitar ser responsable de las consecuencias.

Retrasar la adquisición de un producto, obteniendo el beneficio en la reducción del coste o del propio deseo.

Librarnos de posibles consecuencias negativas (un examen que no estudiamos y que se cancela, una reunión que se tiene que anular y no habíamos preparado, etc).

Estas situaciones son doblemente reforzantes, ya que nos libramos de aquello que tememos y además, sentimos que hemos reservado energías, o que nuestra sensación de que ese proyecto no iba a salir se ve constatada.

Afrontar decisiones. Ya que se resuelven, bien por la obtención de información en el proceso de demora o porque la oportunidad pasa.

La procrastinación se valora como un problema, cuando es realidad es un síntoma. Las etiquetas negativas (vago, perezoso, irresponsable), y las pautas de organización enlas que se aumentan las exigencias, lejos de ayudar, nos atacan.

Por ello, analizar el cómo, cuándo y por qué de las procrastinaciones es necesario para conocer cuando nuestras creencias negativas nos conducen a patrones de comportamiento que no nos benefician.

Ser conscientes de ese hábito, como vía de escape de nuestro conflicto interno, y de la ansiedad vivida, será un importante paso para enfrentar aquellos miedos y manejarlos.

Soy licenciada en Psicología Clínica desde el año 2006. Cuento con una amplia trayectoria profesional en la práctica de la psicología clínica.

Soy experta en la terapia cognitivo conductual, especialmente en trastornos de ansiedad, estrés y autoestima.

Mi contínua formación me ha llevado al aprendizaje y aplicación de herramientas de diversas orientaciones psicológicas, con las que puedo ayudarte a manejar emociones, creencias y comportamientos, de una forma adaptada a tus necesidades.

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