Vuelvo de vacaciones y quiero adaptarme bien

Al volver a la rutina después de unas semanas de vacaciones es posible  que experimentemos síntomas asociados a estrés y ansiedad, enmarcados dentro de lo que se conoce como Síndrome postvacacional.

La presencia que tiene en medios de comunicación y en nuestras conversaciones el primer día de trabajo hace que nos hayamos familiarizado con este término y casi volvamos a casa anticipándolo.

Los primeros días de vuelta, podremos experimentar, además de ansiedad, y estrés, sentimientos de apatía, dificultad para conciliar el sueño o rechazo a nuestra actividad laboral.

Existen factores que influyen en el grado en el que experimentamos esta sintomatología.

Seguro que los tienes muy  claros. El trabajo, el aumento de obligaciones, el recuerdo de las experiencias vividas, la sensación de perder tiempo personal, etc. Nos basta con recordar que los mejores veranos han ido seguidos de peores adaptaciones en Septiembre.

Siempre en el caso de que el verano esté siendo positivo. De ser al contrario, llegar a la rutina será nuestro deseo. Vemos claro que nuestra percepción y vivencia del cambio modulará nuestras emociones.

Personalmente, uno de los factores que creo que más influye es la pérdida de tiempo personal y de actividades placenteras. Durante vacaciones administramos nuestro tiempo, TODO nuestro tiempo, tomando decisiones sobre qué cosas nos hacen sentir bien, sobre cómo queremos vivir nuestro día a día.

Llenamos por tanto las horas de descanso, de tiempo de lectura, de horas con amigos, en terrazas, donde podemos tener conversaciones agradables, profundas o ligeras, pero en las que nos comunicamos cara a cara. Tenemos más contacto con la naturaleza. Parques, playas, montañas, nos ayudan a relajarnos y reducir totalmente el ritmo que llevamos durante el año. Tenemos tiempo para disfrutar de nuestra pareja y fortalecer el vínculo afectivo.

En mi percepción no es tanto volver a la rutina lo que da lugar a estas reacciones negativas ante el término de las vacaciones, si no, la pérdida de aquello que nos hacen sentir bien.

Asociamos volver a casa con decir adiós a esa playa que tanto nos relaja, a ese tiempo que yo tenía de siesta o de lectura, a esos amigos que viven lejos.

Mi pregunta es, ¿Realmente la vuelta a la rutina tiene que suponer llenar nuestras agendas exclusivamente de trabajo y obligaciones?

¿O podemos ser más conscientes de nuestro tiempo y planificar en nuestros horarios esas actividades “nutritivas” del verano?

Celebramos el verano. Es una estación que se anticipa. Llegando la primavera, ya estamos pensando y compartiendo donde vamos a ir, ya tenemos hecha nuestra reserva y planificado el viaje. Visualizamos planes de ocio, alternativas de disfrute para cada día.

Yo me pregunto ¿Por qué dejamos de hacer esto al final de verano?, No sólo el verano es la estación ideal para disfrutar de nuestros días.

Te propongo que mantengas esa actitud veraniega que es la que ayuda a que sea una estación diferente.

No esperes a las próximas vacaciones.

Seguro que ya has mirado el calendario en busca de las siguientes fiestas y has encontrado, que además, este año no hay puentes… ¿Has hecho la cuenta de días y has pensado que no tienes vacaciones hasta diciembre?

Esto ya te predispone a afrontar el otoño cuanto menos, de una forma más negativa.

Te animo a que busques tus globos de oxigeno cada semana, tus “ventanas al verano”. No permitas que ese vaso de estrés y malestar se llene hasta que rebose y te digas a ti mismo “necesito vacaciones”.

Mantén una rutina semanal en la que cada lunes empieces como nuevo. Permítete tener esos hábitos veraniegos en tu tiempo de ocio semanal, que también tienes. Piensa en los momentos que te hacen feliz y ¡Practícalos!.

Lee, viaja, relaciónate, visita a tus amigos, nada, relájate, ¡disfruta de tu otoño! En otoño la vida sigue, no la pauses. Trabaja activamente en tu bienestar.

Fotografía: isamiga76

Soy licenciada en Psicología Clínica desde el año 2006. Cuento con una amplia trayectoria profesional en la práctica de la psicología clínica.

Soy experta en la terapia cognitivo conductual, especialmente en trastornos de ansiedad, estrés y autoestima.

Mi contínua formación me ha llevado al aprendizaje y aplicación de herramientas de diversas orientaciones psicológicas, con las que puedo ayudarte a manejar emociones, creencias y comportamientos, de una forma adaptada a tus necesidades.

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